Hay mujeres que llevan tantos años sosteniendo emociones, responsabilidades y personas… que ya no recuerdan cómo se siente vivir sin tensión constante.
Y aunque desde fuera parecen fuertes, resolutivas y capaces de con todo, por dentro muchas veces viven agotadas, desconectadas de sí mismas y sosteniendo una vida que hace tiempo dejó de sentirse ligera.
Por eso nació:
Hay un tipo de agotamiento que no desaparece descansando un fin de semana, lo sé porque lo he vivido hasta que me di cuenta de que yo misma no me daba permiso para hacerlo de otra manera.
Un cansancio que no viene solamente del trabajo, de las responsabilidades o del ritmo de vida. Viene de años sosteniendo demasiado tiempo emociones, personas, exigencias y versiones de ti misma que aprendieron a funcionar incluso cuando ya estaban agotadas. Y te adelanto que detrás de ello, alimentándolo, como una intrusa silenciosa está la culpa.
Y lo más difícil de todo es que, desde fuera, probablemente nadie lo nota.
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Porque sigues cumpliendo. Sigues resolviendo. Sigues estando para todos. Tu vida sigue funcionando.
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Pero por dentro sientes que algo empezó a apagarse hace tiempo.
Tal vez lo notas en la irritabilidad que aparece por cosas pequeñas. Yo lo percibí un día en un viaje de descanso, cuando me di cuenta de que en realidad estaba muy cabreada, por todo, y eso que estaba de “vacaciones”.
Tú también puedes sentirlo en esa necesidad constante de aislarte cuando por fin tienes un momento para ti o tal vez lo notas en el cansancio mental, en la dificultad para disfrutar, o en esa sensación silenciosa de estar sobreviviendo una vida que hace mucho dejó de sentirse ligera.
Muchas mujeres viven así durante años. Yo he estado ahí y a veces aún lo siento así.
Aprendiendo a convertirte en “la fuerte”.
Y sin darse cuenta, terminan construyendo una identidad donde descansar se siente culpa, poner límites se siente egoísmo y necesitar apoyo se siente debilidad. Y lo peor, que muchas veces es el motivo por el que la pareja no funciona, o se resiente, o entra en un estado de letargo, si tú estás mal, tus relaciones también. Y los vínculos desde ese cansancio extremo, silenciado, se resienten.
Y así llega un momento en que el cuerpo empieza a hablar de formas que ya no se pueden ignorar.